martes, 3 de abril de 2012

Artesano jubilado: Horacio García Losada, de La Torre del Valle.

Horacio García con un carro de viga o par, en minitura, en sus manos.
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Maqueta de la iglesia de su pueblo La Torre del Valle.
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Una casa de las que ha hecho con su técnica, un tanto original, con dos plantas, tronera, amplia terraza y jardines alrededor.
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Horacio es especialista en confeccionar centros de flores secas y pintadas, como éste.
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Grupo de casas, aperos y otros objetos que tiene en el local donde trabaja en sus artesanías.
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También coloca las flores secas y pintadas en cuadros que sirve para decorar las paredes de las casa.
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Cuadro que contiene formas y adornos realizados con maderas de diversa especie.
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Una aventadora, para limpiar el grano, y la rueda del afilador, nos recuerdan oficios muy conocidos por Horacio.
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Esta casa o chalet destaca por su porche, además de los materiales empleados, como en todas las demás.
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Y a esta no le falta la tronera, las chimeneas y el jardín.
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Horacio es uno más de los jubilados o pensionistas de esta comarca de Los Valles de Benavente, que dedican su tiempo libre a elaborar piezas u objetos, capaces de causar admiración en quienes las contemplan, pues lo hacen al modo de los artesanos con oficio.
Es de la Torre del Valle y allí, en su propia casa, me cuenta lo que hace, cómo lo hace y desde cuando se dedica a ello. Con 60 años y pensionista desde que tenía 52, vive y atiende a su madre, ya muy mayor, pues cuenta nada menos que con 101 años. Pero, a pesar de la edad, está llena de vitalidad, experiencia y buen humor. Se la ve con ganas de vivir, de hacer cosas y de seguir dando consejos a su hijo.
Horacio ha tenido varios trabajos a lo largo de su vida: en la fábrica de piensos Purina, ubicada en Pobladura del Valle, y en la empresa Ferrovial, cuando se estaba construyendo la autovía de la Coruña, que pasa al lado de su pueblo. También ayudó a un familiar suyo en la bodega-restaurante La Gruta, muy conocida y visitada. Pero en lo que más trabajó, nada menos que 22 años, fue como pastor, cuidando a sus propias ovejas. Éste fue, sin duda, el oficio que más intensamente vivió, que le permitió ese contacto directo, permanente y diario con el campo y la naturaleza, y le sirvió y proporcionó gran parte de los conocimientos o sabiduría práctica de los que se sirve en algunos de los trabajos que ahora realiza.
“Cuando estaba de pastor vi un carro en miniatura y me dije ‘Esto lo tengo que hacer yo’ y así fue como comencé. Y luego tallaba maderas en el campo, haciendo en ellas figuras y dibujos diversos. Siempre tenía la navaja a mano, pues con ella hacía las cosas”.
Efectivamente conserva su primer carro y los primeros trozos de madera que talló, estando en el campo. A partir de esto siguió haciendo maquetas y otras piezas u objetos en miniatura, algunos de las cuales tiene en la casa donde vive. Pero su pequeño taller, con el tornillo y otras herramientas necesarias, están en otra casa desabitada, no lejos de la anterior. Aquí tiene también gran parte de su producción artesana en miniatura: carros, aperos y maquinaria agrícola; iglesia y ermita de La Torre del Valle, y varias casas de una o dos plantas, algunas de ellas con tronera.
Sus casas o chalets llaman la atención, además de por la forma y tipo de construcción, por los materiales empleados, al menos algunos de ellos. Y es que, además de utilizar piedra, madera de ocume y otras, cartón, hierro, alambres y cristales, reviste casi todas las paredes con filtros de cigarrillos pegados unos a otros, barnizados antes de la colocación. Cosa curiosa, original y llamativa, pues son miles de filtros los que Horacio ha utilizado en sus maquetas en miniatura. Y miles de ellos tiene recogidos y preparados ya para futuras construcciones. Pero ¿de dónde procede tanto filtro?.
“Mire, yo trabajé en el restaurante-bodega La Gruta y, al finalizar el día, recogía con cuidado y la mayor limpieza posible, los filtros en buen estado de los cigarros, y los limpiaba y barnizaba, para emplearlos en mis maquetas”.
Ahí queda eso. Distinto, original, y que a muchos sorprenderá. Todo es fruto de la imaginación y maquinación de Horacio, a quien se le da muy bien el invento de artilugios que le sirvan para algo práctico. En este caso tenemos la maquetas que nos muestran belleza, al tiempo que originalidad.
Además observo que algunas de sus casas y chalets tienen a su alrededor jardines con flores de variados colores. Es que a Horacio también le gustan las flores. Pero las flores del campo, naturales, las que se ven y se huelen en las tierras y a las orillas de los caminos. Fueron muchos los años de pastor y tuvo tiempo de ver, admirar y conocer la abundante flora silvestre, que tenía siempre cerca. Y ahora le da por recogerlas, dejarlas secar y luego pintarlas, a su modo, con los colores que él cree apropiados.
“Nadie me ha enseñado a hacer esto, dice él, ni ninguna de las otras cosas, pues hago lo que se me ocurre y como a mí me parece bien, y a veces sobre la marcha. Lo de las flores me viene de tanto estar en el campo, pues, al verlas, pensaba siempre si se podrían conservar, cuando estuvieran secas. Y lo he comprobado ahora. La cosa es muy fácil. Voy al campo, escojo y cojo flores variadas, en casa las agrupo, según me parece, y luego las pinto”.
Una vez más advertimos en Horacio, como en otros jubilados que realizan o se dedican a esto, cierta sabiduría y capacidad de invención y creación, no dada a todos los mortales. Aparte de la entrega y dedicación casi plena a ello.
Por allí tiene centros, tiestos y algunos cuadros con marco de madera, con flores secas pintadas, y dos o tres televisores, vacíos de su maquinaria interior y rellenos de flores, como queriendo que sean vistas y admiradas por todos.
Las herramientas que utiliza no son muchas. Para cortar la flores tijeras principalmente, y para lo demás se sirve de un banco de carpintero con un pequeño tornillo que tiene en el lugar en que trabaja, junto con otras herramientas, algunas de ellas propias del carpintero. Por allí están también las pinturas y los pinceles que utiliza para pintar las flores y algunas de las maquetas.
Horacio, además de acompañar y atender a su madre, sigue con sus maquetas y sus flores. Ahora está haciendo otro carro en miniatura y por allí tiene muchas y variadas flores sueltas pintadas, preparadas para agruparlas del modo más vistoso posible. Hace sus cosas para admirarlas, en primer lugar él mismo, y luego sus familiares y amigos. No le desagrada que lo vean las demás personas, razón por la que aparece hoy en las páginas de La Voz de Benavente y Comarca.
Ha expuesto ya sus maquetas, hace años, en el teleclub de su pueblo la Torre del Valle, pero en ningún sitio más.
Horacio, cuando no tiene otra cosa que hacer, pasa sus mejores momentos con sus flores y sus maquetas en miniatura. Pero no se olvida de su madre, con la que vive y ha vivido toda su vida. Ella, que es muy mayor, de vez en cuando, le recuerda el pasado que a él no le tocó vivir, y él disfruta con su recuerdo, al tiempo que aprende, pues sabe muy bien aquello de que “del viejo el consejo” y también lo de que “la experiencia es gran maestra y hasta sin hablar te enseña”.